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Una nueva etapa para los informes de sostenibilidad

La verdadera transformación ocurre cuando la sostenibilidad deja de verse como una obligación y se incorpora a la forma en que la organización toma decisiones, asigna recursos y define prioridades.
vie 05 junio 2026 06:00 AM
Más allá de la narrativa: la sostenibilidad como motor de negocio
Aunque la implementación de normas como las NIS A1 y B1 y las NIIF S1 y S2 implica esfuerzos significativos, también ofrece una oportunidad extraordinaria para fortalecer la gestión empresarial para aquellas organizaciones que desarrollen sistemas sólidos de información, apunta Jorge Reyes Iturbide. (Foto: iStock)

Durante los últimos años, numerosas organizaciones han avanzado en la elaboración de informes de sostenibilidad utilizando marcos voluntarios como los estándares de Global Reporting Initiative (GRI) para comunicar sus compromisos, iniciativas y resultados en materia ambiental, social y de gobernanza, pero el contexto ha cambiado de manera significativa por el reto que ahora implica el cumplimiento de algunas otras normas que se han emitido a nivel nacional e internacional, como son las Normas de Información de Sostenibilidad (NIS) A-1 y B-1 emitidas por el Consejo Mexicano de Normas de Información Financiera y de Sostenibilidad (CINIF) para las organizaciones que preparan sus estados financieros bajo el marco de las Normas de Información Financiera (NIF), y las normas internacionales NIIF S1 y S2 desarrollados por el International Sustainability Standards Board, que ya son requeridas por la CNBV para las empresas emisoras y participantes del mercado de valores.

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Por ello, la sostenibilidad empresarial está entrando en una nueva etapa en México, pasando de la voluntariedad al cumplimiento en cuanto a su medición y comunicación, abonando finalmente a la gestión estratégica del propio negocio. Sin duda, este nuevo escenario implica desafíos importantes para las empresas, pero también representa una oportunidad para fortalecer su competitividad, resiliencia y capacidad de generación de valor en el largo plazo.

En este sentido, uno de los principales cambios consiste en que la sostenibilidad deja de considerarse únicamente como un ejercicio de comunicación corporativa para convertirse en un componente esencial de la gestión empresarial, donde ya no es suficiente describir acciones o presentar casos de éxito en la materia, sino que es necesario demostrar con datos verificables cómo la organización gestiona sus impactos, riesgos y oportunidades relacionados con la sostenibilidad, con un nivel mucho mayor de rigor en la medición, documentación y divulgación de resultados.

Este cambio plantea un desafío importante para las empresas mexicanas, muchas de las cuales aún se encuentran en etapas tempranas de madurez en la gestión de información no financiera, y además no todas tienen disponibles datos confiables, consistentes y comparables, cuando la información de sostenibilidad ya comienza a requerir niveles de robustez similares a los que tradicionalmente se han exigido para la información financiera. Esto implica desarrollar sistemas internos de recopilación de información, establecer controles y responsabilidades claras en diversas áreas de la empresa, así como generar procesos que permitan asegurar la calidad y trazabilidad de los indicadores reportados.

Otro reto importante es la integración de la sostenibilidad y la estrategia de negocio, ya que por ejemplo, las NIIF S1 y S2 ponen especial énfasis en identificar aquellos factores ambientales, sociales y de gobernanza que pueden afectar la creación de valor de la organización y su desempeño financiero futuro. Esta perspectiva obliga a las empresas a dejar atrás la visión de la sostenibilidad como una función aislada y a promover una colaboración mucho más estrecha entre la dirección general y las áreas de finanzas, riesgos, operaciones, recursos humanos, cadena de suministro, etc., para que la sostenibilidad deje de ser responsabilidad exclusiva de un departamento especializado y se convierta en un tema transversal que influya en las decisiones estratégicas de toda la organización.

En este contexto, la determinación de la materialidad adquiere una relevancia particular ya que las empresas deberán desarrollar capacidades para identificar aquellos temas que resultan verdaderamente significativos tanto para sus grupos de interés como para la generación de valor para el negocio. Este ejercicio requiere metodologías más sofisticadas, análisis prospectivos y una comprensión más profunda de las tendencias regulatorias, tecnológicas, sociales y ambientales que pueden afectar el desempeño futuro del negocio, y que implican un proceso dinámico de evaluación continua de éste con un doble enfoque, es decir, tanto financiero como de sostenibilidad.

Por otro lado, la cadena de valor constituye otro elemento crítico en este tema, debido a que una parte creciente de la información requerida para los informes de sostenibilidad depende de proveedores, contratistas, distribuidores y socios comerciales, lo que significa que las empresas deberán fortalecer sus mecanismos de evaluación, acompañamiento y desarrollo de dichos grupos de interés, promoviendo prácticas más transparentes y sostenibles a lo largo de toda la cadena de valor. Así, para muchas organizaciones, y especialmente aquellas con redes de suministro o distribución amplias y complejas, este podrá ser uno de los mayores retos operativos en los próximos años.

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Finalmente, quizá el desafío más profundo no sea técnico ni regulatorio, sino cultural, porque la verdadera transformación ocurre cuando la sostenibilidad deja de verse como una obligación de cumplimiento y se incorpora a la forma en que la organización toma decisiones, asigna recursos y define sus prioridades; y para ello se requiere de liderazgo, visión de largo plazo y una gobernanza capaz de integrar los criterios de sostenibilidad en la estrategia corporativa. Ante esto, los consejos de administración y los equipos directivos tendrán un papel cada vez más relevante en la supervisión de los riesgos, la definición de los objetivos y el seguimiento del desempeño en esta materia, y para ello deben conocer suficientemente el tema y estar bien preparados.

Por todo lo anterior, aunque la implementación de normas como las NIS A1 y B1 y las NIIF S1 y S2 implica esfuerzos significativos, también ofrece una oportunidad extraordinaria para fortalecer la gestión empresarial para aquellas organizaciones que desarrollen sistemas sólidos de información, integren la sostenibilidad en su estrategia y generen una cultura orientada a la creación de valor sostenible, lo que les permitirá estar mejor posicionadas para acceder a financiamiento, atraer talento, responder a las expectativas de inversionistas y clientes, y enfrentar con éxito un entorno cada vez más complejo e incierto.

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Nota del editor: Jorge Reyes Iturbide es especialista en responsabilidad social empresarial y desarrollo sostenible y desde hace 21 años ha trabajado para diversas empresas y organismos nacionales e internacionales en proyectos de investigación, consultoría, desarrollo de estándares y educación ejecutiva en la materia. Actualmente es Director de Empleabilidad y docente de Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac México. Síguelo en X y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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