Estos resultados coinciden con lo que advierten organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que subraya que acelerar la electrificación del transporte es indispensable para que los países cumplan sus metas climáticas y avancen hacia ciudades más sostenibles. En ese sentido, cada nuevo usuario de un auto eléctrico no solo toma una decisión individual, sino que contribuye de forma directa a la reducción de emisiones y al combate del calentamiento global.
La elevada preferencia por esta tecnología también se explica por la experiencia de uso. La Alianza Global de Vehículos Eléctricos (GVA) y la Fundación ClimateWorks, responsables de la encuesta, señalan que la satisfacción con el desempeño, los menores costos de operación y la experiencia de manejo han generado un nivel de lealtad poco común para una tecnología que aún enfrenta retos estructurales, como la infraestructura de recarga y el precio inicial.
Entre las principales razones para elegir un auto eléctrico, 63% de los conductores menciona los menores costos de energía. Le sigue el interés por la nueva tecnología, con 31%, mientras que factores como el cuidado del medio ambiente y los menores costos de mantenimiento influyeron en 21% de los casos, respectivamente.
En la misma línea, la Fundación ClimateWorks destaca que cada vez más personas perciben que tener un auto eléctrico resulta más barato a largo plazo que uno de gasolina, incluso en contextos con pocos apoyos públicos. A esto se suma una valoración positiva de su desempeño, reflejada en una mejor aceleración, menor ruido y una conducción más cómoda.
Esta percepción se relaciona también con el tiempo de experiencia al volante. De acuerdo con la encuesta, 33% de los conductores lleva menos de un año con un vehículo eléctrico, 15% acumula dos años, 5% reporta tres años y 3% ya cuenta con cuatro años de conducción, lo que refuerza la confianza en la tecnología conforme se prolonga su uso.
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No obstante, los retos persisten. El análisis EY Mobility Consumer coincide en que, pese a los avances, la infraestructura de recarga, en términos de acceso y velocidad, se ha convertido en el principal obstáculo para los compradores potenciales, incluso por encima de la ansiedad por la autonomía. Superar estas barreras representa tanto un desafío como una oportunidad para fabricantes y concesionarios.
De hecho, 72% de los conductores identifica como principal desventaja la limitada cobertura de cargadores rápidos en sus países, mientras que 31% señala que estos equipos suelen estar fuera de servicio. A ello se suman otros factores, como el tiempo que toma la recarga, la autonomía insuficiente y la dificultad de que un vehículo eléctrico funcione como único auto en el hogar, con 26%, 24% y 23%, respectivamente.