Hay una escena que forma parte de nuestra vida cotidiana: avenidas saturadas, motocicletas esquivando automóviles en el tráfico, camiones repartidores estacionados en doble fila para surtir tiendas y camiones pesados circulando en nuestras calles. Esa logística urbana que damos por “natural” (porque siempre ha estado ahí) es también una de las principales fuentes de congestión, emisiones y riesgos viales en el país, generando también un aire cada vez más contaminado.
Electromovilidad para el transporte, una oportunidad económica para las ciudades mexicanas
Aunque casi nunca aparece en la agenda pública, el transporte es medular para mantener viva la economía, es indispensable para mover personas y mercancías. Por eso, necesitamos que funcione eficientemente al ser un sector estratégico de la economía y, al mismo tiempo, una de las principales fuentes de contaminación atmosférica. En el mundo, casi la mitad de las emisiones generadas por el transporte, corresponden al reparto de mercancías.
Hoy las ciudades enfrentan la presión de los efectos del cambio climático, concentrando más del 70% de las emisiones globales y consumen casi el 67% de la energía mundial. También es donde viven, respiran y padecen más de la mitad de las personas del mundo. Por eso, si hablamos de acción climática, debemos hablar del transporte de carga.
De acuerdo con cifras del I NEGI , la Ciudad de México y el Estado de México, en conjunto tienen registrados alrededor de 17 millones de vehículos de motor, lo cual representa 1/3 del parque vehicular en el país. De estos vehículos, más de 1.5 millones corresponden a transporte de carga, con una antigüedad promedio de 20 años y con una operación diaria de 10 horas.
La ecuación es simple: más kilómetros, más vehículos contaminantes, motores más viejos, más emisiones… El problema se agrava cuando observamos el tamaño y la antigüedad del parque vehicular. Esto significa más enfermedades respiratorias por la mala calidad del aire, desigualdad ambiental y afectaciones en la calidad de vida. Aproximadamente, 6.7 millones de muertes prematuras cada año en todo el mundo son ocasionadas por la mala calidad del aire.
Ante este contexto, descarbonizar el transporte de carga y de reparto urbano no es solo una meta climática de reducir emisiones: es una apuesta por la competitividad y por la salud de millones de personas.
La electromovilidad representa una gran oportunidad para el transporte de carga y de reparto urbano. No es un fin, es un medio para modernizar nuestro parque vehicular y una oportunidad para el crecimiento de nuestra economía e industria. Cada mejora en eficiencia logística, cada reducción de costos operativos, cada vehículo cero emisiones que sustituye a un motor diésel, representa un beneficio directo para la salud de las personas y el desarrollo económico.
Cuando una ciudad decide electrificar su transporte público, gestionar su logística urbana y desincentivar la congestión, los beneficios se materializan a mediano plazo: aire más limpio, mejor salud, mayor seguridad vial y una economía más competitiva. Estos esfuerzos locales no son gestos simbólicos: son contribuciones reales y medibles.
Caminos para las ciudades mexicanas
México tiene una oportunidad única. Durante la COP30 en Brasil, se comprometió firmando el Memorándum de Entendimiento Global sobre Vehículos Medianos y Pesados de Cero Emisiones, con metas claras: 30% de las ventas de vehículos medianos y pesados nuevos deberán ser tecnologías cero emisiones para 2030 y el 100% para 2040 .
Son compromisos ambiciosos, especialmente cuando las proyecciones indican que, de no actuar, las emisiones de gases de efecto invernadero del sector transporte, sólo para la Megalópolis Mexicana, podrían aumentar un poco más del 300% hacia 2050 .
Este desafío abre una oportunidad clave para que el gobierno federal, en coordinación con los gobiernos estatales y locales y el sector privado, trabajen en el despliegue de proyectos de movilidad eléctrica.
En este contexto, las ciudades mexicanas deben tomar la delantera. No solo por cumplir metas climáticas, sino por los beneficios sociales, ambientales y económicos que eso conlleva. Las tres zonas metropolitanas más contaminadas del país (Valle de México, Guadalajara y Monterrey) tienen una doble oportunidad: mejorar la calidad del aire y, al mismo tiempo, mejorar la calidad de vida de millones de personas.
El sector privado también ya está moviéndose. Empresas líderes han demostrado que la electrificación de flotas de reparto de mercancías es viable. El reto mayor está en las pequeñas y medianas empresas y en los transportistas independientes, que representan cerca del 80% del sector. Para este segmento, el financiamiento y las estrategias de inversión en infraestructura de recarga serán decisivos.
De la década de las promesas a la década de la implementación
Las ciudades mexicanas están dando pasos importantes, pero requieren coordinación real entre niveles de gobierno, industria y sector financiero. No será una ruta sencilla, pero sí necesaria.
Todas las personas dependemos del transporte de carga, pero casi nunca hablamos de su relevancia e impacto. Cada paquete que llega a casa, cada alimento disponible en el mercado, cada insumo que sostiene a una pequeña empresa, cada persona conductora o productora, depende del transporte. Todos elementos básicos de nuestra vida cotidiana y economía.
La descarbonización del transporte de carga debe ser una prioridad. No se trata solo de cumplir metas de reducción de emisiones, sino también de la competitividad de miles de empresas y de un sector económico que genera millones de empleos que dependen cada día de mover mercancías con eficiencia.
La era de las promesas terminó. La nueva década exige resultados: políticas que aceleren la acción climática, mejoren la calidad del aire y transformen la movilidad urbana. Si logramos cerrar la brecha entre promesa y acción, cada camión eléctrico que circule por nuestras calles será más que un vehículo: será una decisión a favor de un aire más limpio, una economía más competitiva y ciudades más saludables.
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Nota del editor: Gabriela de la Torre Ríos es especialista en políticas de transporte y movilidad sustentable en América Latina. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.