En un mercado laboral atravesado por la desigualdad, los sesgos y la informalidad digital, la innovación pocas veces se traduce en herramientas concretas que incidan en la vida cotidiana de quienes buscan empleo desde posiciones estructuralmente desventajosas.
Camberos, quien hoy es Chief People & Innovation Officer de la proptech DD360 y también UNESCO Women for Ethical AI Leader, decidió intervenir justo ahí, en el punto donde el talento existe, pero las oportunidades no llegan o lo hacen disfrazadas de riesgo.
“Veía perfiles junior y mid, sobre todo, de universidades públicas, con un montón de skills, pero completamente perdidos al momento de buscar trabajo”, apunta Camberos, quien creó Ramona, un chatbot de IA diseñado para detectar ofertas laborales fraudulentas y acompañar a jóvenes en su búsqueda de empleo. Surgió, como ella misma lo explica, de la observación directa de una falla sistémica.
El chatbot tomó forma cuando su experiencia se cruzó con historias personales. Camberos escuchaba a sus sobrinos relatar cómo conocidos eran citados a entrevistas falsas en restaurantes de comida rápida o recibían llamadas de supuestos reclutadores que, en realidad, escondían redes de fraude o, incluso, vínculos con el crimen organizado. “Decidí llamarlo Ramona porque así se llama mi perrita, se me hace superprotectora y quería hacerle honor”, menciona.
Ramona se concibió como un filtro de seguridad y un coach laboral. Valida la autenticidad de las vacantes y orienta a los usuarios sobre cómo presentarse, investigar a una empresa y entender las reglas no escritas del mercado laboral. “No perder de vista al usuario final es lo único que te dice qué es lo que realmente necesita”, sostiene.
La relevancia del chatbot radica en que ataca la asimetría de información. Mientras que algunos estudiantes cuentan con oficinas de “vida y carrera”, redes de egresados y mentorías institucionalizadas, otros se enfrentan solos a un ecosistema laboral digitalizado, opaco y riesgoso.
Hasta hoy, Ramona ha impactado a más de 3,000 personas de forma directa. A corto plazo, asegura Camberos, su potencial es muy alto, ya que aborda un problema estructural, especialmente en América Latina, que va en aumento.