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Ramona, el chatbot mexicano que usa la IA para reducir las barreras de acceso al empleo

Daniela Camberos, creó Ramona, un chatbot que está diseñado para ayudar a jóvenes recién egresados a encontrar empleo.
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Daniela Camberos, creadora de Ramona. (Foto: Diego Álvarez Esquivel)

Antes de convertirse en una referencia internacional en el uso ético de la inteligencia artificial aplicada al empleo, Daniela Camberos construyó su carrera en una de las áreas más sensibles del mundo corporativo, la de los recursos humanos, en firmas como Stori y Revolut.

Su experiencia profesional se desarrolló en entornos en los que la velocidad suele imponerse sobre la reflexión y en los que el reclutamiento replica, muchas veces sin cuestionarlos, sesgos estructurales, como la elección de perfiles de ciertas universidades o diferencias salariales normalizadas.

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En un mercado laboral atravesado por la desigualdad, los sesgos y la informalidad digital, la innovación pocas veces se traduce en herramientas concretas que incidan en la vida cotidiana de quienes buscan empleo desde posiciones estructuralmente desventajosas.

Camberos, quien hoy es Chief People & Innovation Officer de la proptech DD360 y también UNESCO Women for Ethical AI Leader, decidió intervenir justo ahí, en el punto donde el talento existe, pero las oportunidades no llegan o lo hacen disfrazadas de riesgo.

“Veía perfiles junior y mid, sobre todo, de universidades públicas, con un montón de skills, pero completamente perdidos al momento de buscar trabajo”, apunta Camberos, quien creó Ramona, un chatbot de IA diseñado para detectar ofertas laborales fraudulentas y acompañar a jóvenes en su búsqueda de empleo. Surgió, como ella misma lo explica, de la observación directa de una falla sistémica.

El chatbot tomó forma cuando su experiencia se cruzó con historias personales. Camberos escuchaba a sus sobrinos relatar cómo conocidos eran citados a entrevistas falsas en restaurantes de comida rápida o recibían llamadas de supuestos reclutadores que, en realidad, escondían redes de fraude o, incluso, vínculos con el crimen organizado. “Decidí llamarlo Ramona porque así se llama mi perrita, se me hace superprotectora y quería hacerle honor”, menciona.

Ramona se concibió como un filtro de seguridad y un coach laboral. Valida la autenticidad de las vacantes y orienta a los usuarios sobre cómo presentarse, investigar a una empresa y entender las reglas no escritas del mercado laboral. “No perder de vista al usuario final es lo único que te dice qué es lo que realmente necesita”, sostiene.

La relevancia del chatbot radica en que ataca la asimetría de información. Mientras que algunos estudiantes cuentan con oficinas de “vida y carrera”, redes de egresados y mentorías institucionalizadas, otros se enfrentan solos a un ecosistema laboral digitalizado, opaco y riesgoso.

Hasta hoy, Ramona ha impactado a más de 3,000 personas de forma directa. A corto plazo, asegura Camberos, su potencial es muy alto, ya que aborda un problema estructural, especialmente en América Latina, que va en aumento.

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Reconocimiento global, impacto local

Lo que comenzó como un prototipo en Telegram, desarrollado por la propia Camberos, escaló rápidamente hasta ser reconocido como una de las cinco innovaciones más relevantes a nivel global por la ONU, lo que llevó a Camberos a presentar Ramona en foros internacionales.

Ese respaldo institucional abrió puertas inesperadas, como colaboraciones con universidades europeas, vínculos con academias mexicanas y un acompañamiento activo para escalar Ramona, que, por ahora, está disponible solo vía WhatsApp, lo que ha permitido una adopción rápida y accesible. Sin embargo, Camberos detalla que, debido a los cambios que Meta implementará en su ecosistema de chatbots, prepara una migración a una plataforma web con los mismos servicios, pero de manera más robusta y escalable.

Ramona se alimenta de datos verificados y pasa por procesos constantes de revisión para evitar decisiones discriminatorias. La creadora insiste en que la tecnología no es neutral y que, sin una supervisión consciente, perpetúa desigualdades de género, clase y origen educativo. “Enamorarse del problema y no de la solución”, dice, es la clave de su proceso creativo.

El siguiente paso es la escalabilidad. Actualmente, el proyecto cuenta con el acompañamiento de la ONU, específicamente a través de UNIDO, que está apoyando en la vinculación con sponsors estratégicos para ampliar su alcance y su impacto. “Estamos trabajando en colaboraciones en Latinoamérica para adaptar Ramona a distintos contextos laborales de la región”, dice Camberos. “De forma paralela, se desarrolla una colaboración con la Universidad Técnica de Viena, en el marco de proyectos de humanismo digital, con el objetivo de robustecer Ramona desde una perspectiva ética, tecnológica y centrada en las personas”.

Su crecimiento profesional no ha diluido su postura crítica; al contrario, la ha fortalecido, según Camberos, y esa consistencia explica por qué su perfil resuena más allá del mundo tech, pues no es solo la creadora de un chatbot exitoso, es una profesional que supo leer una falla estructural del mercado laboral y dedicar su carrera a corregirla, aun cuando eso implicara ir contra inercias profundamente arraigadas.

En un ecosistema en el que la innovación suele medirse en rondas de inversión, su trayectoria demuestra que el verdadero cambio ocurre cuando la tecnología se construye desde la experiencia, la ética y la empatía.

Este texto se publicó originalmente en la edición de febrero de la Revista Expansión.

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