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El calor récord de 2025 obliga a empresas a replantear sus estrategias ESG

Especialistas advierten que las empresas deben pasar de los compromisos climáticos a la ejecución, con medición de emisiones y colaboración en la cadena de valor para reducir su huella de carbono.
mié 11 marzo 2026 05:55 AM
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Los últimos once años han sido los más cálidos documentados, reflejo de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera. (Foto: BRO Vector/Getty Images)

El 2025 volvió a poner en evidencia la distancia entre los compromisos climáticos globales y los resultados reales. Los datos más recientes muestran que el planeta sigue acumulando calor y emisiones de gases de efecto invernadero a pesar de que gobiernos y empresas han multiplicado sus metas de descarbonización. El escenario está obligando a las compañías a replantear la forma en que ejecutan sus estrategias ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), particularmente en lo que se refiere a la reducción de su huella de carbono y la gestión de riesgos climáticos.

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De acuerdo con la World Meteorological Organization (WMO), 2025 fue uno de los tres años más cálidos registrados desde que existen mediciones instrumentales. La temperatura media global se ubicó 1.44 grados centígrados por encima del promedio de la era preindustrial (1850-1900), mientras que el periodo 2023-2025 se convirtió en el trienio más cálido del registro climático.

La tendencia se ha sostenido durante más de una década. Los últimos once años, de 2015 a 2025, han sido los once más cálidos documentados, lo que refleja la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera y el aumento sostenido del calor en los océanos.

Las consecuencias ya se reflejan en la intensificación de eventos extremos. Inundaciones, olas de calor, incendios forestales y ciclones tropicales más intensos se registraron en diversas regiones del mundo durante 2025.

Para el sector empresarial, el problema no es únicamente ambiental. Se trata de un riesgo operativo, financiero y reputacional que ya está afectando la continuidad de negocios y las cadenas de suministro.

“Los datos son alarmantes. Cada vez vemos cómo los eventos climáticos impactan a más empresas, a más trabajadores y a más comunidades”, señala Gilda Franyutti, especialista en sostenibilidad corporativa y estrategias ESG.

La especialista advierte que el principal desafío no está necesariamente en la definición de compromisos climáticos, sino en su implementación real. En los últimos años, muchas compañías, especialmente grandes corporaciones, han anunciado metas de neutralidad de carbono o de reducción de emisiones alineadas con los objetivos climáticos internacionales. Sin embargo, los resultados globales muestran que la reducción de emisiones aún no ocurre al ritmo necesario.

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“Las empresas están fallando en la ejecución. No es lo mismo adoptar prácticas porque un cliente o un proveedor te lo exige, que tener una hoja de ruta propia con objetivos claros y consistentes”, explica Franyutti.

La brecha entre compromiso y acción también se refleja en el fenómeno del greenwashing. Se estima que cerca de 58% de las grandes empresas que comunican objetivos climáticos realizan prácticas que exageran o distorsionan su impacto ambiental real. Al mismo tiempo, aproximadamente 16% de estas compañías no logrará cumplir sus metas de cero emisiones netas, de acuerdo con el informe Net Zero Greenwash: la brecha entre los compromisos corporativos y su compromiso político, del think tank climático InfluenceMap.

En México, el reto es aún mayor debido a la estructura del tejido empresarial. Más del 90% de las empresas del país son pequeñas y medianas empresas (pymes), que a menudo perciben la sostenibilidad como una agenda exclusiva de las grandes corporaciones. Sin embargo, su papel es determinante para cumplir los objetivos climáticos nacionales.

“Las pymes suelen ver estos temas como algo ajeno porque sienten que no tienen recursos para invertir en ellos. Pero también forman parte de las cadenas de suministro de empresas grandes, y cada vez más esas empresas exigen estándares ambientales y sociales a sus proveedores”, explica la especialista.

Uno de los primeros pasos para enfrentar este escenario, señala Franyutti, es que las empresas realicen diagnósticos internos que les permitan identificar su impacto ambiental y los riesgos asociados a sus operaciones.

“El diagnóstico honesto de la empresa es fundamental. Permite ver dónde están los principales impactos: consumo de energía, generación de residuos, uso de materias primas o transporte. A partir de ahí se pueden definir prioridades y establecer una hoja de ruta”, afirma.

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A diferencia de lo que muchas pymes suponen, la implementación de estrategias ESG no necesariamente implica grandes inversiones iniciales. En muchos casos, las primeras acciones se centran en optimizar el uso de recursos y mejorar la eficiencia operativa.

Reducir el consumo eléctrico, mejorar la gestión de residuos o revisar las rutas logísticas son medidas que pueden tener impactos ambientales y financieros al mismo tiempo.

“En el tema ambiental los resultados son muy visibles. Cuando optimizas recursos o reduces desperdicios, el beneficio también se refleja en los costos”, señala Franyutti.

Otro elemento clave es la formalización de las políticas ambientales dentro de la estructura organizacional. Para que las estrategias ESG tengan continuidad, deben integrarse en procesos, procedimientos e indicadores medibles, y no depender únicamente del interés individual de ciertos colaboradores.

“La sostenibilidad tiene que integrarse a los procesos formales de la empresa. Si no está en políticas, procedimientos y responsabilidades claras, se queda en buenas intenciones”, explica.

La capacitación interna también juega un papel relevante. La sensibilización de los colaboradores puede generar cambios operativos sencillos pero efectivos, como optimizar horarios de consumo energético, mejorar la separación de residuos o implementar esquemas de movilidad compartida.

Franyutti considera que la clave está en abandonar la lógica reactiva y adoptar una visión estratégica. En lugar de fijar metas lejanas sin mecanismos claros de implementación, las empresas pueden establecer objetivos anuales medibles y revisarlos de manera constante.

“Las metas al 2050 suenan bien, pero muchas empresas no saben qué pasará en cinco años. Lo más efectivo es establecer objetivos anuales, medirlos y ajustarlos en el camino”, afirma.

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Gobernanza ESG

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